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El problema global de las drogas: un asunto de Salud Pública y Derechos Humanos

Este abril se ha celebrado una sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas para tratar el fenómeno de las drogas y definir estrategias globales consensuadas. Las últimas veces que se celebraron eventos de este calado fueron en 1998 y 1990: esto demuestra que no es una gran prioridad en las agendas estatales.

La industria de las drogas es el negocio global que más dinero mueve: la escalofriante cifra de 300.000 millones de dólares al año, según la ONU, por encima de la trata de personas, el armamento, el petróleo y la banca. Una cifra mayor que el PIB español. Si computase como el PIB de un país, estaría justo por debajo de Suecia. Hay que reconocer que su condición de negocio ilícito es una gran ventaja para la industria, ¿están los estados reconociendo la envergadura de esto?

Lo cierto es que los gobiernos ven la problemática desde prismas radicalmente diferentes, con estrategias políticas y legales enormemente diversas. Mientras Uruguay tiene una política en materia de drogas muy liberal, muchos países, como Indonesia, mantienen escalofriantes penas, incluso la de muerte, por tráfico o uso de drogas.

El secreto del éxito de esta industria son sus fuentes y materias primas: violencia, miedo, deforestación, semi-esclavitud de comunidades enteras, crimen organizado, etc. La ONU calcula que 200.000 personas mueren al año a causa de las drogas, sin contar las víctimas de la guerra contra el narcotráfico.

violencia drogas

Foto: New York Times

Un mundo sin drogas es una clara utopía, pero ¿qué es un mundo donde los estados acuden a la represión aguda de los menos responsables de la cadena de producción, y no existe una estrategia global de acción? Los programas globales no han estado, todavía, a la altura de la gravedad del problema, y así lo muestra su falta de eficacia ya que sigue siendo la industria más lucrativa del mundo.

En España, el 65% de los presos tienen problemas de adicción a las drogas. El perfil medio de los presos españoles es de jóvenes, a menudo con problemas de adicción, que han cometido delitos menores de hurtos y tráfico de drogas. Recluir a personas en riesgo de exclusión social no es una forma eficaz de acabar con el problema global de la industria de la droga.

Necesitamos un enfoque tanto local como global de prevención y sensibilización contra este fenómeno. La sociedad civil debe presionar a sus políticos para que se pongan de acuerdo en la estrategia consensuada que no permita que una industria tan poderosa viva de las muertes, la coerción y el miedo de tantos civiles, campesinos, y personas en exclusión social.

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